La tipología del packaging según su función

El packaging es, junto con el naming de una marca, el distintivo principal y la mejor (o no) carta de presentación posible. Los envases no solo sirven para transportar o almacenar de forma correcta los productos. También sirven para protegerlos, así como para informar de su contenido y hasta de la empresa que lo comercializa. Son, por lo tanto, un incentivo a las ventas. Si un packaging posee un diseño llamativo y original, además de funcional, siempre tendrá más posibilidades de llamar la atención del público, generando así un valor añadido para la marca. Pero, desde el punto de vista del branding corporativo, ¿qué tipos de embalaje existen en el mercado?

Tipos de packaging según su utilidad

En el proceso de creación y desarrollo de marcas es importante tener sumo cuidado con todos los aspectos que van a ser depositarios de nuestra imagen de marca. Al fin y al cabo, una buena carta de presentación siempre es importante para llamar la atención de los consumidores y para conformar una identidad corporativa eficaz. Por eso, el packaging, igual que ocurre con el naming, es uno de los elementos portadores de los valores de la marca. Estudiar los tipos de envases y entender la utilidad de cada uno de ellos es importante para escoger el más adecuado:

  1. Packaging primario: el embalaje que está en contacto directo con el producto que almacena es el que se considera primario. Un café para llevar, por ejemplo, está almacenado en el packaging que el consumidor escoge directamente en las estanterías de un supermercado o de un bar. El diseño escogido, por lo tanto, debe ser parte fundamental del mismo para conseguir diferenciarse de la competencia.
  2. Packaging secundario: este tipo de embalajes son aquellos que, dentro de un mismo packaging, transportan varios productos. Por ejemplo, una botella de vino almacenada en un envase exterior. La caja que la envuelve, así como la botella, son dos packagings distintos que forman un todo. Este es, por lo tanto, un claro ejemplo de packaging secundario.
  3. Packaging terciario: es el envase de toda la vida. La típica caja de cartón cuya única función es proteger el packaging real y de diseño en el interior. Este tipo de embalajes, aunque muy útiles para el transporte y el almacenaje, han quedado obsoletos desde el punto de vista del branding corporativo. Todo forma parte de la imagen de la marca, y el packaging, que es el primer elemento tangible sobre el que los consumidores tienen contacto con una empresa, adquiere una gran importancia.

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Pero más allá de los tipos de envase según el tipo de función que realicen, también pueden ser clasificados en base al papel que una marca pretende que desarrollen. Son los siguientes:

  1. Atracción: muchas marcas realizan, en su estrategia de branding corporativo, estudios y análisis de mercado para saber qué colores, formas y tipografías llaman más la atención de los consumidores a la hora de decidir el producto a comprar en el estante de un supermercado. De ahí que, en muchas ocasiones, se busque atraer al público mediante el diseño.
  2. Promoción: el packaging no solo transporta y protege, también informa y es solidario. La capacidad de una marca de convencer de la compra de un producto solo por la información que proporcione en su envase, puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso. De ahí que muchas marcas, independientemente del diseño, focalicen sus esfuerzos en ofrecer transparencia informativa.
  3. Diferenciación: buscar la originalidad es una máxima imprescindible dentro del branding corporativo y del marketing en general. Ser diferente y mostrar algo distinto al consumidor hará que éste reconozca una marca de forma rápida y duradera. El packaging, por lo tanto, puede ayudar también a fidelizar a los clientes.

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En conclusión, el diseño del envase de una marca es otro de los aspectos diferenciadores en el mercado actual. Dejar en manos de profesionales su elección y diseño es la mejor opción para triunfar entre el público.